miércoles, 30 de octubre de 2013

Entrevista a Valentina Giunta, Donante Voluntaria de Médula Ósea (CPH)

“La solidaridad y la esperanza pueden venir de cualquier lado, sólo se necesita gente predispuesta”

A un año de convertirse en donante de CPH, esta joven estudiante de Oceanografía afirma que la donación cambió su perspectiva de la vida. Desde Proyecto Pura Vida te invitamos a conocer su historia.
El 2013 no es un año más en la breve, pero no por eso menos fecunda, historia del Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), perteneciente al INCUCAI. Este organismo, creado con el propósito de dar respuesta a toda persona con indicación de trasplante de CPH, acaba de cumplir 10 años.

Los motivos para celebrar no son pocos. Desde 2003, 424 personas con enfermedades hematológicas como leucemia recibieron un trasplante. Actualmente, hay 65 mil donantes voluntarios inscriptos en Argentina, integrados a una red mundial de 22 millones de personas en 48 países. Además, en los últimos 5 años se han realizado 18 trasplantes con donantes argentinos, tanto en pacientes del país como del exterior.

Precisamente, una de esas 18 historias de vida estuvo signada por la solidaridad de Valentina. “Cada vez que pienso en la oportunidad que tuve de convertirme en donante me brota una sonrisa”. Así se nos presenta esta joven de 23 años, que en febrero de 2012 pasó a ser dueña de un acto encomiable: dar vida en vida.

¿Qué te impulsó a inscribirte en el Registro?
Cuando llegué a estudiar a Capital Federal comencé a donar sangre cada tres meses. Para mí era algo natural y, a la vez, como un deber. En 2010, integrantes del Club de Donantes al que pertenezco me invitaron a anotarme al Registro Nacional de Donantes de CPH del INCUCAI. Al ser donante de sangre  y de órganos, no tuve que pensarlo mucho. Simplemente era otra forma de ayudar y no veía razón para negarme. La oportunidad de salvar la vida a una persona me lo decía todo, expresa sin tapujos esta joven, distinguida en abril pasado por el Ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, junto a otros donantes argentinos de médula ósea.

¿Existen restricciones o límites de edad para ser donante?
Toda persona entre 18 y 55 años, con un peso mínimo de 50 kg y que goce de buen estado de salud, está en condiciones de adherirse al Registro de Donantes Voluntarios. Para concretar la inscripción, basta con dirigirse a cualquier centro de donantes o servicio de Hemoterapia con sede en diversos hospitales  de todo el país. Allí, se realiza una extracción de sangre para su tipificación genética y posterior almacenamiento de datos en el Registro.

¿Cómo fue el momento en el cual te enteraste de que existía la posibilidad de concretar la donación?
Es tan difícil encontrar compatibilidades que me dijeron que quizás jamás donaría células. Pero no fue así. En enero de 2012 apareció un paciente español de 13 años con una enfermedad llamada aplasia medular o anemia de Fanconi, y esa fue mi primera vez, cuenta Valentina con inocultable brillo en sus ojos.
El momento fue increíble. Cuando me llamaron por teléfono al año siguiente de inscribirme fue emocionante porque no había vuelto a pensar en eso. Saber que la posibilidad de donar en vida estaba cerca de concretarse me llenó de alegría.

¿Cómo fueron los pasos previos a la donación?
Antes de concretar la donación me realizaron una seguidilla de estudios de toda clase. Los médicos debían cerciorarse de que estuviera en buenas condiciones de salud y, a su vez, tenían que informarme correctamente y con sinceridad acerca de todo el proceso de donación. Siempre lo viví con mucha expectativa. Deseaba que la donación se concretara y que todos los resultados salieran bien, afirma rotundamente esta joven oriunda de La Pampa, pero que desde hace más de una década está radicada en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires.

¿En qué consistió el  proceso de donación propiamente dicho? ¿Qué método de donación elegiste?
Yo elegí la donación por punción. La razón fue que prefería un proceso más corto, ya que sólo necesitaba un día de internación, y además no me iba a sentir cómoda con la aféresis (extracción de células madre por vía sanguínea) que dura varias horas. Sumado a esto, el médico del paciente había aconsejado, por estadística simplemente, que el método sea punción.
Pasé la noche del 12 de febrero de 2012 en el Instituto Fleming y a la mañana siguiente me hicieron la extracción. Desperté en muy buenas condiciones y permanecí una noche más en observación, sólo por precaución. Al otro día retomé mis actividades en forma normal.

¿Cómo fue tu recuperación? ¿Tuviste algún tipo de secuela o dolor?
Mi recuperación fue buena. Es lógico que se sientan molestias en la zona de la punción, pero para eso recetan calmantes y complementos de hierro.
La punción no deja cicatriz. Es importante notar que el malestar no es fuerte, es sólo una molestia que comparado a la posibilidad de ayudar a alguien no significa nada.

A nivel social, ¿pensás que existen temores y prejuicios relativos a la donación de médula ósea?
Sí, pienso que existen muchos prejuicios, pero principalmente por ignorancia. La gente desconoce que no hay riesgos en la donación y que significa algo muy grande. Es darle la posibilidad de vida a una persona. Cuando se piensa en eso, los prejuicios desaparecen.

Esta es Valentina. Y aquí, una última enseñanza, simple y luminosa: “Lo importante era poder concretar la donación y que ese nene sintiera que la solidaridad y la esperanza pueden venir de cualquier lado, que sólo se necesita gente predispuesta.” 


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