miércoles, 9 de agosto de 2017

9 de agosto: Día de la Educación Especial



La educación busca desarrollar la capacidad moral, intelectual y afectiva de las personas para que se integren y participen de la cultura y sociedad a la que pertenecen. Busca formar individuos con conocimientos que incluyen pero no se limitan solamente a la alfabetización, las operaciones matemáticas o las capitales de las provincias. Educar también se trata de transmitir costumbres e inculcar valores. Educar también tiene que ver con inspirar, abrir puertas, trazar caminos, ofrecer herramientas y recursos para que quienes las reciben puedan seguir construyendo y, por qué no, tomar el rol de educador en el futuro para repetir la tarea desde el otro lado. Cada niño o niña tiene sus aptitudes, sus fortalezas e intereses, y la educación puede ser (debe ser) uno de los cinceles que dé forma y belleza a todo ese potencial.

El 9 de agosto se celebra el día de la educación especial, el sistema que asegura el derecho a la educación de las personas con capacidades diferentes. Al objetivo de educar se suma el de brindar igualdad de oportunidades a quienes tengan una discapacidad permanente o temporal, garantizando su integración en todos los niveles y modalidades de acuerdo a las necesidades individuales de cada persona.


Desde hace casi tres años trabajo días tras día con docentes que dedican sus mañanas, tardes y muchos ratitos de su tiempo libre a pelear por una educación especial justa, inclusiva, de calidad y, por sobre todas las cosas, encarada desde el amor y la vocación. Cuando los niños entran por la puerta del colegio y su maestra, psicopedagoga o fonoaudióloga los recibe con un beso y un abrazo, esa pasión por lo que hacen brilla en sus ojos y se ve reflejada directamente en la sonrisa del alumno que contento muestra y comparte sus avances.

Esos avances, los pequeños pasos, los pasos grandes, las metas que parecían lejanas pero a las que se llega con esfuerzo, se celebran en lo cotidiano sin dejar de lado ninguno. No importa si el logro fue posible gracias al trabajo de quien felicita a ese niño, o si fue otro el profesional que trabajó con él hasta conseguirlo: el logro siempre es, primero y principal, de ese alumno que puso tanto esfuerzo, dedicación y voluntad para completar con su aprendizaje el trabajo del docente que le abrió los brazos y le brindó todo su conocimiento para que lo tome y lo haga propio.



Veo a alrededor de una centena de alumnos por día, y todos ellos llegan y se van con una sonrisa. También sus docentes. Hacia el final de la jornada muchas veces con la sonrisa se mezcla cansancio, por supuesto. A veces el cansancio lo sienten desde la tarde anterior y lo traen consigo a cuestas cuando entran a la escuela por las mañanas. Pero la sonrisa nunca falta. La vocación es más grande, más fuerte, más hermosa que cualquier circunstancia. La vocación de ellos de enseñar, y la vocación de los alumnos de aprender.


La educación especial estimula, inspira, incluye. Dibuja cielos con crayones, moldea llaves en plastilina que abren puertas enormes a lugares hermosos. Contiene, escucha, aconseja, abraza, seca lágrimas (propias y ajenas). También ríe, sueña, e incita a otros a reír y a soñar. Se trata de compartir y celebrar, y por eso merece ser compartida y celebrada.




Por Daiana Vaquero Vega para Proyecto Pura Vida

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